domingo, 21 de noviembre de 2010

Conversaciones reales (1)

Esto pasa en una carnicería de "las de toda la vida":

-¿Tienen hamburguesas vegetales?
-¿Como?
-Hamburguesas para vegetarianos.
-¿Como?
-Hamburguesas que no tengan carne.
-¿Como?
-Ya veo que no tiene.
-¿Pero usted qué quiere, carne para hacer hamburguesas?
-No, quiero hamburguesas sin carne... HAMBURGUESAS, pero SIN CARNE.
-No lo entiendo.
-Adiós.


El drama de Cillian

Llevan dos horas parados. Al parecer ha habido un problema técnico con no sé qué efectos y quieren tenerlo todo bien atado porque es una secuencia muy cara de rodar.

Cillian ha estado picando del catering sin demasiadas ganas. Mira nervioso a los lados y cada poco rato se acerca a preguntar cuánto falta a un ayudante de producción. El ayudante, que básicamente está ahí mirando mientras otros arreglan el asunto de los efectos, le dice que poco. Los dos tienen ganas de irse a dormir.

Por fin, parece que la cosa se pone en marcha. La maquilladora insiste en rehacer su trabajo segundos antes de empezar cada escena. Él le dice que está perfecto, pero ella insiste.


En esta escena hay un incendio en el edificio Lever House. Cillian (en la película se llama Robert) está en la planta cero y, después de una explosión en un piso superior, cae en la cuenta de que Claire está todavía arriba, así que corre para ir a salvarla, en dirección contraria a los extras que desalojan el edificio.



Todo parece marchar a la perfección pero de repente algo cambia.

















Cillian abandona el edificio entre gritos. Una vez fuera comprenderá, obviamente, que el mensaje de emergencia formaba parte del rodaje.
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viernes, 19 de noviembre de 2010

El hombre de plástico

Hoy os hablaré de un fenómeno que llevo observando desde hace bastantes años, que es el de la plastificación de los amigos. Así de entrada puede parecer una cosa muy rara, pero seguro que todos y cada uno de vosotros ha experimentado un caso similar. Ya veréis.

La cosa empieza, como todo, un día cualquiera, de forma totalmente inesperada. Os encontráis a un amigo (por la calle, en un bar, o en cualquier otro sitio) y empezáis a hablar con él.

Le preguntáis qué hace, como le va, como está, todo esto que se dice. Lo veis un poco raro pero pensáis que quizá tiene un día malo o algo así. Os decís que a ver cuando os veis, que os tenéis que ver, porque hoy, realmente, no tenéis tiempo de ir a tomar algo, pero que os llamaréis y quedareis.

Obviamente no os llamáis ni nada, pero bueno.

El fenómeno de plastificación continua cuando os veis otro día también por casualidad (quizá teneis trabajos parecidos, o vais a la misma universidad, o sois más o menos vecinos).

Hoy lo veis un poco más animado que la otra vez, pero dentro de vuestra cabeza se os mete la idea de que algo no va bien. Habláis de cosas, os explicáis anécdotas, incluso vais a tomar un café. Pero dentro de vuestra cabeza se ha introducido la sospecha.

Ese tío no es el que era.

Con todo, os volvéis a decir que a ver cuando os veis con más tiempo, que estaría bien salir o algo, que os tenéis que llamar y todo eso.

La tercera vez que os encontráis el amigo parece incluso que esté contento de veros. Os saludáis, os decís cosas, os habla de su novia, de las excursiones que ha hecho y de las cosas que se quiere comprar. Desde fuera, alguien que os mirara vería a dos amigos que se saludan y que se dicen cosas, pero dentro de vuestra cabeza la sospecha ya no es una sospecha, sino una verdad.

Ese tío no es el que era.

¿Qué diferencia hay? No lo sabéis. Pero no es el que era. Es otro. Literalmente otro. Tiene la misma cara, la misma voz, se viste igual, pero no es el mismo que vosotros conocíais. El otro era más espontáneo, más directo, por decirlo así. En sus ojos no había esta distancia infinita de las webcams. Sus movimientos no parecían programados, ensayados, automatizados como los de ahora. El otro, el verdadero, no parecía estar hecho de... plástico.

¡Es de plástico!

Sentís un escalofrío mientras él sigue hablando, y hablando, y hablando.

Tenéis delante a un hombre de plástico.

El hombre de plástico sigue hablando, y hablando, y hablando, pero vosotros os queréis largar, no queréis estar hablando con un hombre de plástico.

El señor facebook es un tío inteligente

Una entrada dedicada al Señor Facebook, luego diré porqué. No hablo del chaval joven millonario del que han hecho una película. Hablo de Facebook como persona, con traje y corbata. Como ente que controla nuestros movimientos en el dos punto cero.



En Facebook tienes un número límite de amigos. Concretamente cinco mil amigos. El sistema no deja tener más amigos. Cuando lo supe me indigné un poco y pensé que quien era el señor facebook para decidir cuántos amigos puede tener una persona. Incluso me puse a hacer cálculos, dando por supuesto que Facebook ha llegado para quedarse.



Pero oh sabio señor facebook, cuando yo voy, tú ya has vuelto, te has quitado las lentillas, te has puesto las gafas y estás en el sofá viendo capítulos de Como conocí a vuestra madre.



La razón por la que hay un límite es la siguiente: si una persona tiene más de cinco mil amigos no ha de tener una página normal, ha de tener una página de fans. ¿Tienes cinco mil amigos? No eres una persona normal, eres una persona admirable. Y Facebook quiere que tú y la muchísima gente que te rodea lo sepáis.



De nada.

Por eso, Mierda Gratis ha creado una página de facebook de la que os tenéis que hacer fans. Así os aparecerán en el news feed las novedades de MG. Nos dan mucha pereza las campañas virales, somos más de pedir las cosas por favor. Es una manera de que no se os olvide que podéis acceder siempre que queráis a un montón de mierda gratis. Además haremos sorteos y promociones (evidentemente esto es totalmente falso). También podéis compartirla y recomendársela a vuestros amigos. El cuadradito de la derecha es el link, estáis a un click de la gloria.


jueves, 18 de noviembre de 2010

miércoles, 17 de noviembre de 2010

El blog se inaugura oficialmente

Martes que te quiero miércoles


-La última copa siempre está de más.
-Sí, díselo a la camarera, esto.

Hablar de cosas muy rápido

Joder. Una pausa. Una pausa. El texto iba de otra cosa pero cuando he visto el título (primero llega el título, después el texto) me he acordado de Scatman. Me ha dado por buscar su biografía y resulta que era un pobre pianista de jazz tartamudo que decidió cantar canciones muy rápido para integrar en la sociedad a los niños que vivían en el drama de la tartamudez. Con 52 tacos, deja el piano y se pone a cantar. Ponen una cita suya al final de la biografía (murió en 1999):
"Espero que los niños, mientras cantan o bailan mis canciones, sientan que la vida no es tan mala como parece. Al menos por tan sólo un minuto". Y tanto Scatman, nosotros te devolvemos ese minuto, pero de silencio.

martes, 16 de noviembre de 2010

¿Por qué somos tan guapos?

Ayer pensaba: ¿pero como pueden parecer tan guapos mis amigos en el facebook, si en realidad son feos de la hostia? Pues ya lo he descubierto: el truco está en hacerse una foto fumando.

Ya veréis. Partiendo de una cara de amigo random como esta:




Solo hay que añadir un pitillo:



Automáticamente, los labios se hacen más estrechos:



La mandíbula, más masculina:



Los ojos se achinan (y ya se sabe que el rollo oriental está de moda):



Además, las cejas se arquean, dando el toque interesante:


Incluso la nariz se achica y se perfila:


Ya lo tenemos. Si lo juntamos todo...


El feo original ha desaparecido, nos encontramos delante de un auténtico tío bueno. Cuando la ponga de foto de perfil, le saldrán fans por todas partes, que clicarán I like it, I like it, I like it de forma frenética.





I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it, I like it...

¡Un momento!

Me acabo de dar cuenta de que sin cigarrillo también funciona:




La teoría del cigarrillo es una mierda. I like it.

lunes, 15 de noviembre de 2010

La realidad es un cuadrado negro

He vuelto a David Foster Wallace. Es importante redescubrir las cosas cuando ya no te obsesionan. He estado cerca de una hora mirando una entrevista que le hicieron en el noventa y poco. Tiene el pelo largo, lleva un pañuelo en la cabeza y tartamudea bastante.
Habla de uno de los aspectos más característicos de su literatura: las notas a pie de página.


Explica un problema que siempre he tenido y para el que él ha encontrado (aparentemente) la solución: La literatura es lineal, pero la realidad no. Eso provoca problemas para representar la realidad en la literatura. Él intenta solucionarlo con las notas.



Algunos escritores intentan hacer saltos espaciales, o temporales. Incluso eso que llaman “historias corales” (creo que se llama así), lo que empezó Huxley con “contrapunto”. Hay gente que dice que no lo inventó Huxley, que Dos Passos lo hizo antes en Manhattan Transfer, pero no lo he leído así que no lo sé.



Me interesan bastante las estructuras de los libros, a veces tomo notas o hago dibujos.







Pero parece que la realidad se parece más bien a esto: